Por qué a la empresa española le cuesta adoptar tecnología: los datos de I+D y competitividad

En 2003, el gasto total en I+D por habitante en España era el 42% de la media de Alemania, Francia y Reino Unido. Ese número, que anoté aquí en 2007, explica más sobre la lentitud digital de la empresa española que casi cualquier discurso posterior sobre transformación digital. Esto es la línea base, con su fecha, y lo que se aprende al mirarla veinte años después.

Entre 2007 y 2008 publiqué en este blog una serie de notas muy cortas sobre I+D, competitividad y uso de las TIC. Eran apuntes de trabajo: un gráfico, dos frases. Vistas por separado no dicen gran cosa. Juntas sí dicen algo, porque forman una cadena causal completa y siguen siendo el punto de partida contra el que comparar cualquier dato de digitalización de hoy.

La cadena: innovación → aplicaciones TIC → competitividad

El diagrama de la innovación que dibujé en marzo de 2007 planteaba el mecanismo así: la innovación produce nuevas aplicaciones TIC, esas aplicaciones las despliegan sobre todo empresas consultoras especializadas, y ese despliegue es el que convierte la innovación en uso intensivo y, con ello, en competitividad.

La parte interesante del esquema no es el primer eslabón, sino el segundo. La innovación no llega sola a la pyme: llega mediada por alguien que la implanta. Si esa capa intermedia es pequeña o débil, la innovación existe en el papel y no en la contabilidad de las empresas. Veinte años después, el argumento sigue siendo el mismo, solo que ahora la mediación se llama integrador de IA en vez de consultora TIC.

El dato incómodo: el 42%

La nota sobre el gasto total en I+D por habitante comparaba España con los cuatro grandes países europeos en 1993, 1998 y 2003. La conclusión, referida a 2003: el gasto en I+D por habitante en España representaba un 42% del gasto medio por habitante de Alemania, Francia y Reino Unido.

Conviene decir qué significa y qué no. Es gasto por habitante, no porcentaje del PIB, y es de 2003: no es un dato actual y no debe citarse como tal. Lo que sí es, es una medida de distancia estructural. No estábamos un poco por detrás; estábamos a menos de la mitad, y el gráfico mostraba tres cortes separados por cinco años, no una foto puntual.

La lectura que hice entonces en realidad española en uso de las TIC era que el esfuerzo existía pero no bastaba para acercarse a la UE-25 ni a la OCDE, ni en recursos ni en resultados. Es una lectura conservadora y, con la perspectiva de hoy, probablemente correcta: el retraso de adopción tecnológica de la empresa española no empezó con la nube, ni con la IA. Empezó mucho antes, aguas arriba, en cuánto se invierte en generar y absorber tecnología.

Con qué se mide la competitividad

En marzo de 2007 anoté las dos fuentes para medir competitividad: el informe del World Economic Forum, gratuito y descargable, y el World Competitiveness Yearbook del IMD de Lausana, de pago. Entonces me gustaba más el segundo.

Esto es lo único del grupo que un lector puede usar tal cual hoy, y con un aviso: compruébalo antes de citarlo. El IMD ha seguido publicando su anuario anual. El WEF, en cambio, dejó de publicar el ranking del Global Competitiveness Index en su formato clásico tras la edición especial de 2020, así que un enlace a «el ranking del WEF» ya no significa lo mismo que significaba en 2007. Si necesitas un ranking comparable en el tiempo, la serie del IMD es la que ha mantenido continuidad.

De aquellos informes salió también la nota sobre las variaciones del IMD 2006, donde lo llamativo era China entrando en el top 20 y España, Francia e Italia perdiendo puestos. Es un dato de 2006 y solo sirve como recordatorio de una cosa: la pregunta «¿qué pasa en Europa?» que escribí entonces lleva veinte años sin respuesta buena.

El tamaño del mercado, y por qué importa

En febrero de 2008 me hizo falta, para un plan de negocio, saber cuántas empresas hay en España y qué porcentaje eran de informática, por tamaño. La fuente fue el INE. El dato concreto de aquel post vivía en una imagen y no lo reproduzco aquí porque no puedo rastrearlo hoy a la tabla original; si necesitas la cifra, el sitio para sacarla sigue siendo el INE, con el Directorio Central de Empresas.

Lo que sí conserva valor es el reflejo: antes de estimar mercado, ir a la estadística oficial y desglosar por tamaño. En un tejido empresarial dominado por empresas muy pequeñas, la media no describe a nadie. Y ahí está la conexión con el 42%: si la mayor parte del parque son empresas sin capacidad de absorber tecnología por sí solas, la adopción depende por completo de la capa que las implanta —el segundo eslabón del diagrama—, no de cuántos anuncios de transformación digital se publiquen.

Qué se aprende

Tres cosas, sin nostalgia:

  1. El retraso es estructural, no cultural. No es que la pyme española sea reacia a la tecnología. Es que arriba se invirtió menos durante décadas y abajo el tamaño medio no da para absorberla sola. Eso no se corrige con una campaña.
  2. La capa de implantación es el cuello de botella. Era cierto para las TIC en 2007 y es el mismo patrón con la IA en 2026: la tecnología disponible va muy por delante de la capacidad de desplegarla en empresas de veinte personas.
  3. Fecha tus datos o no los uses. El 42% es de 2003. Sigue explicando algo, pero solo si se lee como lo que es: una línea base histórica. La mitad de los diagnósticos sobre digitalización que circulan hoy son cifras sin año.

Este artículo consolida seis notas breves publicadas entre marzo de 2007 y febrero de 2008. Todas las cifras que aparecen son de aquella época y van fechadas; no hay aquí ningún dato actualizado de I+D ni de digitalización, porque actualizarlo requiere ir a la fuente primaria y eso es otro artículo.